Raquel Lucas Platero Méndez.
Activista LGTB, Docente de Educación Secundaria e Investigadora en la Universidad Complutense de Madrid
Los chicos y chicas jóvenes reciben de la escuela mucho más que una educación en contenidos: se forman en los valores dominantes de nuestra sociedad. A través de las relaciones que se establecen en los centros educativos se interiorizan las normas de género y sexualidad, al tiempo que muchas otras sobre la clase social, la etnia, la discapacidad, etc. Pronto aprendemos que la ruptura de los roles de género y los patrones dominantes se castiga con mecanismos como la injuria, la exclusión social, y en ocasiones, con agresiones. Los términos como “mariquita”, “marimacho”, o “travelo” son demasiado frecuentes en cualquier centro escolar y cuando recaen sobre una chica o un chico demuestran un proceso de estigmatización y etiquetamiento de efectos terribles. Cuando utilizo el término “acoso escolar homofóbico” o “bullying homofóbico” quiero señalar justamente estas rupturas a las que acabo de hacer alusión. Son fracturas en las normas que conllevan la injuria, que a su vez sirve para el control social de todo el alumnado. Sea o no parte una minoría sexual. Si tuviera que definir acoso escolar homofóbico diría que son aquellos comportamientos violentos por los que una persona se expone repetidamente a la exclusión, el aislamiento, la amenaza, los insultos y las agresiones, tanto por parte de sus iguales (una o varias personas que están en su entorno más próximo), como por personas adultas, en una relación desigual de poder. Los agresores, o “bullies” (matones) cuando hablamos de los iguales, se sirven de la homofobia, el sexismo, y los valores asociados al heterosexismo. La persona se convierte en víctima y así puede ser descalificada y deshumanizada, y en general, no podrá salir por sí sola de esta situación. Lejos de la idea común de que éste es un problema exclusivo de jóvenes gays, lesbianas, transexuales y bisexuales, veremos que también señala a cualquier persona que sea percibida o representada fuera de los patrones de género más normativos, o se les asocie con otras personas LGTB. En esta situación encontramos que el entorno de iguales es consciente del acoso y permite que suceda, a espaldas de las personas adultas que desconocen, o que, a su vez, minimizan la situación tomando la decisión de ignorarla. Así se convierten en colaboradores y cómplices por omisión de actuación (Platero y Gómez, 2007: 14).
- Estoy totalmente de acuerdo con todo lo dicho por el autor Raquel Lucas Platero Méndez, ya que expone su punto de vista respecto al tema "Bullying homofobico" abarcando los diferentes inconvenientes desarrollados en las instituciones educativas. Me parece muy interesante cuando explica que no solo este problema es de la victimas ,sino de su entorno como tal , de los que ven ,no denuncian y permiten que el problema siga sucediendo, o simplemente porque no les afecta en nada. O que en el caso de la victima , que se siente totalmente amenazado o maltratado y tampoco actúa. Hoy en día se ve presenciado este fenómeno con mayor intensidad gracias a la ayuda de la tecnologías , que son las (redes sociales), por medio de ellas se crean conflictos mayores , y comienza la aparición de otro tipo de bullying que es llamado "cyberbullying". Todos estos tipos de agresiones físicas ,y verbales ya sean por diferentes medios , afectan terriblemente a las víctimas haciendo que su vida cambie totalmente, cambiando su estado de ánimo y en los peores casos que en piensen en acabar con sus vidas.

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